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Misofonía: el misterio del odio al sonido

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La misofonía, un trastorno relativamente poco conocido y en gran medida inexplorado, que consiste en una aversión a determinados sonidos, ha estado ganando reconocimiento en la comunidad médica y en la sociedad en general.

Sin embargo, todavía se sabe poco sobre sus causas exactas, su tratamiento y cómo afecta la vida de las personas que la padecen.

La gente que, por ejemplo, siente fobia a los ruidos de la boca padece una de las múltiples manifestaciones de la misofonía.

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Definición y etimología

La palabra misofonía se deriva del griego «miso-«, que significa «odio», y «fono-«, que significa «sonido». Así, la misofonía se traduce literalmente como «odio al sonido«. Es un trastorno neurológico en el que ciertos sonidos, a menudo sonidos comunes o repetitivos, desencadenan respuestas emocionales o fisiológicas intensas y desproporcionadas.

A diferencia de la fonofobia (miedo a los sonidos) y la ligirofobia (miedo a los ruidos fuertes), la misofonía no implica miedo, sino disgusto o irritación extrema.

Síntomas: ¿Cómo saber si sufro de misofonía?

¿Qué sienten las personas con misofonía? La respuesta no es única, pues experimentan una variedad de síntomas físicos y emocionales al escuchar ciertos sonidos, conocidos como «sonidos desencadenantes».

Estos sonidos suelen ser comunes y a menudo involucran ruido de boca y nariz, como comer, respirar, masticar o estornudar. Son sólo algunos ejemplos, ya que los sonidos desencadenantes pueden variar enormemente entre los afectados: desde el ruido de las gotas de agua al caer sobre una superficie, al sonido de pasos, el chasquido de dedos, etc.

Los síntomas emocionales pueden incluir ira, disgusto, ansiedad, aversión y, en casos severos, incluso pánico o rabia. Los síntomas físicos, por su parte, se manifiestan en sudoración, aumento de la frecuencia cardíaca, presión en el pecho y molestias físicas de distinta índole.

Causas de la misofonía

Las causas exactas de la misofonía siguen siendo un misterio, aunque las investigaciones sugieren que puede ser el resultado de la forma en que el cerebro procesa los sonidos.

Algunos estudios indican que las personas con misofonía tienen una conectividad anormal entre el lóbulo frontal del cerebro (que procesa las emociones) y el sistema auditivo.

La misofonía puede afectar a personas de todas las edades, pero generalmente comienza en la infancia tardía o la adolescencia temprana.

A menudo, los primeros sonidos desencadenantes son los producidos por los miembros cercanos de la familia, lo que puede causar tensión en las relaciones familiares.

Se calcula que alrededor del 60% de los pacientes con acúfenos puede experimentar misofonía.

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Tratamientos

No existe un tratamiento estándar para la misofonía, aunque se han propuesto varias estrategias. La terapia cognitivo-conductual, que implica cambiar los patrones de pensamiento y comportamiento negativos, ha demostrado ser prometedora.

La terapia de desensibilización, en la que se expone gradualmente a la persona a sus sonidos desencadenantes en un ambiente controlado para disminuir su sensibilidad, también puede ser útil.

Algunas personas con misofonía también pueden encontrar alivio a través de técnicas de manejo del estrés, como la meditación, la relajación muscular progresiva y la respiración profunda.

El uso de audífonos con cancelación de ruido o la reproducción de sonidos de fondo, como la música suave o los sonidos de la naturaleza, puede ayudar a enmascarar los sonidos desencadenantes.

Famosos con misofonía

A la divulgación de esta enfermedad han ayudado los testimonios de personas famosas que la padecen y lo han hecho público. Entre ellas, por ejemplo, figura la cantante uruguaya Natalia Oreiro, quien en una entrevista habló abiertamente de su hipersensibilidad hacia determinados sonidos.

También sufren esta intolerancia a algunos ruidos la actriz Melanie Lynskey, la cantante Kelly Osbourne y la presentadora Kelly Ripa.

En algunas películas y series se han presentado personajes aquejados por este trastorno, como es el caso de Ruby en «Sex Education«.

El impacto en la vida del paciente

La misofonía puede tener un impacto significativo en la vida de una persona, dificultando las relaciones personales y profesionales, y limitando las actividades diarias.

Las personas con misofonía pueden evitar situaciones sociales por temor a encontrar sonidos desencadenantes, lo que puede llevar al aislamiento social.

Es importante que las personas con misofonía busquen ayuda de un profesional de la salud mental que esté familiarizado con el trastorno, que a diferencia de lo que muchos creen no se trata de un TOC.

Aunque la misofonía no es ampliamente reconocida y a menudo es difícil de diagnosticar, un profesional capacitado puede proporcionar estrategias de manejo y tratamiento.

Además, el apoyo y la comprensión de los familiares y amigos son extremadamente beneficiosos para las personas con misofonía. La paciencia y la empatía pueden marcar una gran diferencia en la vida de alguien que lucha contra esta desafiante enfermedad.

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